No soy una Superwoman. Tampoco soy una Supermam. Simplemente soy una mujer que quiere abarcar demasiado. Mis días son largos. También lo son mis noches. No recuerdo lo que es dormir toda una noche. Ni tampoco recuerdo lo que es despertarse a las diez de la mañana de un sábado.... Es cierto eso que dicen que hay días en los que al mirarme al espejo no me reconozco. Entre las ojeras, la necesidad de ir a la peluqueria, la falta de tiempo para arreglarme, etc soy otra versión de mi misma. La que no tiene tiempo...
Pero no todo son quejas. Cada mañana su conversación en ese idioma inventado me despierta. Creo que me cuenta sus sueños. Entiendo algunas palabras: slide, parque, walk, mami... Me incluye en sus sueños. Que mas puede una madre pedir.
Mi pequeña se despierta gritos. No de lloros sino de cantar. Ella es feliz, sonríe todo el tiempo. Canta y balbucea papa y mama. Imita a su hermana y busca la atención de los demás.
Su vida es tan sencilla. Envidio lo fácil que es su visión de la vida. Me gusta. A veces la comparto con ellas. Me siento a colorear, o bailamos alocadamente. Reímos a carcajadas. Sientes paz. Entonces me encuentro a mi misma debajo de esas ojeras, de mis pelo enmarañados, de mis camisetas manchadas... No he olvidado reír. No he olvidado como hacer reír.
Entonces se que todo esto vale la pena. Que en el fondo es una fase. Llegaremos a otras posiblemente mas complicadas, pero de esto hablaremos en otro momento.
Disfrutemos de las risas. Que nunca falten en nuestras vidas.
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